8 meses desde el día en que pasé el mayor susto de mi vida
- Joel Cristian Espinoza Morales
- 19 dic 2025
- 7 Min. de lectura

18 de julio, exactamente 8 meses desde el día en que pasé el mayor susto de mi vida y que realmente pensé que era una despedida de este mundo. Un día que me dejó traumada, hasta el día de hoy.
Eso sí, prefiero recordarlo como el día en que la vida me dio una nueva oportunidad. Recuerdo pedirle a Dios que me diera esa oportunidad, que me diera una última oportunidad para elegir el camino de la recuperación. (para las que no saben el 2019 también estuve con riesgo vital por esta enfermedad).
Justo una semana antes de aquel día había comenzado mis sesiones con la Dani (Psiquiatra que trabaja con Maca y Pame) y días antes había muerto mi abuela.
Recuerdo el 2024 como un año oscuro, un año en que la enfermedad me agarró más fuerte que nunca. Además del TCA, estaba muy deprimida y con problemas económicos que no me dejaban dormir y mi única salida era refugiarme más y más en mi TCA. Recuerdo llorar y pedir que ojalá alguien me encontrara así y me ofreciera ayuda. Lamentablemente tuve que estar al borde de la muerte para pedirla enserio. Si, esta vez era enserio.
Me acuerdo de que cuando estaba en la UTI, el psiquiatra que me evaluó me dijo “Hazle un favor a tu vida e intérnate, ya no saliste de esto sola” (por que claro, yo pensaba que ahora con el miedo iba a hacer las cosas bien por arte de magia). Conversé con mis papás y ellos estaban felices con esa decisión. No porque me fuera a internar en sí, más bien porque por primera vez vieron una luz de esperanza en que quería mejorarme.
Y así fue … me interné por un mes en un centro psiquiátrico (que por cierto, me gustó mucho, me ayudó a conectar conmigo misma y tomarle el sentido real a lo que estaba pasando y que esto no era un juego, era mi vida la que estaba en riesgo) y luego llegué acá: a Cadda (un miércoles 18 de diciembre, directo desde el otro centro) … que coincidencia, de nuevo un 18 (18 de noviembre, de diciembre y ahora de julio) – pareciera que el número 18 me incita a avanzar.
Después de 17 años (o más) con la enfermedad, decidí recuperarme. No sé si algún día me recuperé al 100%, pero si quise intentarlo. Quería realmente poder VIVIR y dejar de ser esclava de una enfermedad que me dominaba todos los días del año. Me aisló, me encerró, me condenó.
Gracias al apoyo de mi familia pude partir este tratamiento, ya que lamentablemente por mis medios, no podría hacerlo. Doy gracias a Dios y a mi familia por eso.
Inicié mi tratamiento en CADDA, convencida de querer salir de la enfermedad (más que nada por miedo a morir por el trauma que había pasado). Los primeros días no fueron tan fáciles, prefería estar trabajando o en mi casa viendo tele. No hablaba mucho en grupos, me costaba encontrarme conmigo misma. Incluso me acuerdo una vez que le dije a la Jose eso, que sentía que no me conocía.
Fue pasando el tiempo y de a poco fui encontrándole sentido al día a día acá, en Cadda. Dejaron de hacerse eternos los días y empecé a trabajar más en mí; pero siempre con la duda de por medio, con el miedo a perder “mi esencia”, con “negociaciones nutricionales” con la Pame y de reducción de jornada con la Maca. Quería seguir intentándolo, pero estaba ansiosa por salir rápido.
En mi mente ya estaba lista para volver al trabajo y a mi vida “normal”, pero la verdad es que aún no me atrevía a comer un plato distinto y menos a comer cosas extras. La verdad, no les voy a mentir, me sigue costando comer platos nuevos e incorporar extras a mi día a día, pero si he logrado cumplir mi pauta y dejar de tenerle un poco de miedo a la comida. Verla como bencina para mi cuerpo, para poder trabajar, participar en un musical y hacer las cosas que me gustan.
Bien saben que el tema de las porciones era un tema para mi jajaja, creo que nunca dejé de preguntar si mi porción estaba bien.
Pasé por diferentes generaciones. Cuando llegué estaba la Ica, la Nacha, la Cami, la Jose, la Frani, la Flo, a joji, la Jo, la Cata, La Vale también un tiempo.
Me tocó estar un tiempo casi sola, éramos como 2 o máximo 3. Ese tiempo si la sufrí, se me hacía eterno el día. Luego, llegó la Belén, la Rafa, la Sylvi, la Anto, la Agus, la Fran y la Mel,y creo que fue en este instante donde realmente empecé a trabajar más a fondo, a medida que me fui haciendo “más vieja” en el centro. No solo de esas, si no que en tiempo. Empecé a trabajar por mí, si … pero también por ellas. Algo en mí me hizo querer mejorar y ser un ejemplo para ellas. Tan pequeñas pasando por esto (me acuerdo cuando yo partí). Siento como una misión de hacerles ver todo lo lindo que les queda por delante y que NO pasen por todo lo que he pasado yo en estos 17 años o más. Me encariñé mucho con estas niñitas. Con todas mis compañeras con quienes he compartido días en el centro, pero con ellas me siento como una mamá. (La mamá Flo como me dicen).
Hoy más que nada quiero ser un referente. No vengo a vender la pomada de que estoy recuperada al 100%, porque aún no lo estoy, pero SI mi visión de la vida ha cambiado radicalmente. Hoy quiero vivir, hoy sé que valgo más por lo que soy a por cómo me veo (que antes era por lo único que me valora y que creía que me valoraban). Hoy me valoro independiente de mi físico. Hoy, he podido ver rasgos de la Flopy del pasado, esa que se reía por todo y que no vivía pensando en comida todo el día.
Hoy, estoy ORGULLOSA de mí, realmente orgullosa. Hoy llevo casi 16 semanas sin mi principal síntoma (¡Estoy muuuuy sorprendida de eso y de lo que soy capaz!)
Siento que nada es casualidad en la vida y si hoy tengo una nueva oportunidad de vida y la estoy aprovechando o al menos intentando hacerlo, es por algo. Sé que puedo ayudar a dar visibilidad de esta enfermedad y quiero hacerlo, quiero ser un aporte.
NADIE se debería sentir menos por un físico. NADIE debería sentir que no encaja en esta sociedad o que tiene que cumplir ciertos estándares para hacerlo.
Niñas, amigas … de verdad cada una de ustedes vale ORO y no por como se ven, sino que por el enorme corazón que tienen. Por el simple hecho de existir.
Dicen que, si se quiere, SE PUEDE. Y yo sé que todas ustedes en el fondo de su corazón quieren salir de esta enfermedad y no me cabe duda de que lo lograrán. Cada una a su ritmo, no se apuren, cada proceso es diferente; pero lo lograrán y vivirán una vida más en paz. Hay días más difíciles que otros, pero lo importante es no rendirse. Les prometo que hay luz en la oscuridad.
Pueden contar conmigo hoy y siempre. Estamos a un número de distancia y lo que más quiero es verlas a cada una de ustedes bien. Me encanta ver como cada una va avanzando, se nota el entusiasmo y garra que le están poniendo.
No es un camino fácil, pueden haber recaídas, pero lo importante es aprender de este proceso y llevarse las herramientas necesarias para que esa voz maligna NO gane.
Gracias Dios, gracias familia por tanto apoyo todos estos años (por ayudarme a recuperarme), gracias Mati por quedarte a mi lado aún cuando estaba en mis perores condiciones físicas y mentales, gracias a mis amigos incondicionales que aún cuando yo me alejaba del mundo, ellos no lo hacían de mí. Gracias a todas ustedes que han sido parte de mi proceso.
Gracias a cada una de las psicólogas que me apoyaron cada día. Que sin decirles nada sabían si me pasaba algo o estaba bien. Gracias Gaby, Ara, Paz, Jose, Vale, Cami, Rosa.
Gracias a quienes me alimentaron durante casi 7 meses acá y me consentían con el kiwi, el pollito y el mango. Gracias Jane, Nay, Gioco.
Gracias Elsa por recibirnos cada mañana con alegría y una sonrisa.
Gracias nutris Cata, Cami y Vale, gracias por enseñarnos de diferentes temas y ser un lindo apoyo en este centro y llenarnos de lindas frases para motivarnos cada día más.
Gracias a los profes, en especial a la Anita que sus talleres se me pasaban volando y a Diego que siempre nos traía alguna dinámica y su clásico reggaetón.
Gracias Maca y Pame por tomar mi caso junto a la Dani. Recuerdo cuando las conocí (por separado) en EL CEDRO, cuando estaba internada. No sé por qué me dieron como miedo al principio, pensé que eran pesadas (pero no). Tenía miedo del centro por lo que me comentaban sobre las comidas, que no se podía dejar ninguna miga. Tenía miedo de no tener cambios en mi peso (pero a la vez me ponía “feliz”, no podía soltar el control, hasta que mis compañeras me incentivaron a soltarlo y no preguntar más – y es mejor, se vive más tranquila)
Gracias Maca por todas las sesiones y escuchar mis eternos monólogos y stand ups porque admite que te ríes harto en mis sesiones. Gracias por ayudarme a ir abriendo mi mente y obligarme a venir al centro (igual no tenía muchas oportunidades de faltar porque mi familia y el Mati estaban encima cada día).
Gracias Pame por enseñarme que no hay comidas malas. Gracias por dejarme ir a mi “ritmo” y ayudarme a ir sacando el miedo que le tenía a los alimentos. Aún nos quedan desafíos por cumplir en este ámbito y por más que me corra y corra, sé que igual lo haremos jajaja. A ambas, muchas gracias. Aún nos queda mucho que trabajar, pero estamos en buen camino.
Gracias a cada persona que esta en esta sala, cada una de ustedes es parte fundamental de mi proceso de mejora. Cada una ha puesto de alguna manera, un granito de arena.
Gracias gracias y gracias
Hoy me voy con el corazón llenito y con ganas de seguir mejorando y que la enfermedad nunca más condicione MI VIDA.
Me admito, las admiro y las quiero mucho.
Florencia Rosati, julio 2025




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