Anorexia Restrictiva
- 11 ene
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Cuando mi hija tenía 14 años, me di cuenta de que había comenzado con un TCA ( Anorexia restrictiva). El desconocimiento de este trastorno junto a los sentimientos de culpa, hacen que todo se trastorne al interior de la familia.
Al principio, era una guerra y esto lo hacía todo muy agotador, frustrante injusto y difícil. Las guerras lo arrasan todo, la vida la libertad, los sueños, la paz y la dignidad.
El TCA, es un parásito que se aprovecha de los adolescentes, jóvenes y vulnerables, perfeccionistas y exigentes consigo mismas. Personas especialmente sensibles, en un mundo que valida el cuerpo en exceso, que premia la delgadez y superficialidad.
Este mundo materialista sirve de aliado de la Anorexia y la fortalece frente a ellas, que se debilitan y se hacen esclavas de la presión social.
No fue fácil, durísimo, sobretodo el miedo permanente que se muriera.
Ver a mi hija hundirse y no saber cómo ayudarla, es lo peor que le puede pasar a una madre, por eso ponerme en las manos del centro Cadda fué la mejor desición después de 6 meses de tratamiento con otros especialistas y donde lo único que se logró fue que terminara en la clínica hospitalizada.
Cadda me ayudó a vencer poco a poco el miedo, a proporcionarme las herramientas necesarias para entender y manejar situaciones propias del TCA, a saber que mi hija estaba en mano de los profesionales adecuados. Permitió que aguantara los momentos difíciles, de no saber qué sucede y como actuar. Uno piensa que jamás va a llegar el día en que todo vuelva a ser como antes, pero llega... y se puede superar.
Hay que ser equipo con ellos, dejarte guiar, soltar y confiar.
Cuando como padres flaqueamos te dan ese empujón que necesitas para seguir adelante y en Cadda siempre te apoyan.
Hoy mi hija está totalmente recuperada, viviendo su adolescencia como tiene que ser.
Es feliz, miro hacia atrás y recuerdo los momentos dolorosos que pasamos las dos y agradezco haber podido tener la.posibilidad de que mi hija haya estado bajo el cuidado de todas las personas que trabajan en Cadda.
Gracias,
Carolina F, mamá de Sofía D.




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